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Punto ciego. Cuerpo y discurso femenino

La mirada defensiva y desenfocada de nuestro tiempo, sobrecargada sensorialmente, puede finalmente abrir nuevos campos de visión y pensamiento, liberados del deseo implícito de control y poder del ojo. La pérdida de foco puede liberar al ojo del dominio patriarcal histórico.

Juhani Pallasmaa. Los ojos de la piel

En 2010, Regina José Galindo hizo un performance titulado Punto ciego, comisionado por la 17a Bienal de Arte Paiz, en Ciudad de Guatemala. Mientras la artista permanecía desnuda, de pie e inmóvil sobre un pedestal, en medio de la sala de exposición, el público, compuesto por personas ciegas y débiles visuales, iba congregándose alrededor para conocer “la obra”. Aquí en principio sobresale la crítica de dos conceptos: el concepto de “obra”, aludido irónicamente por el emplazamiento del cuerpo sobre el pedestal, como una escultura, y simultáneamente erosionado por la condición performática y efímera de ese emplazamiento, y el concepto de “conocimiento”, al que hemos acudido para sustituir el término “visión”, obviamente fuera de lugar en este caso, dada la condición particular del público. De hecho, en diversas descripciones de este proyecto se prefiere el término “percepción”, que no se compromete exclusivamente con el sentido de la vista. Para nosotros lo que se pone en juego ahí es algo más que la percepción de un objeto o un cuerpo; la interacción de los ciegos con el cuerpo de Regina tiene por lo menos una primera fase en que se comporta como un gesto cognitivo.

La relación del público con la obra no era visual, sino táctil, y eso subvertía también la noción de “obra” vinculada al orden de lo intocable. Tanto el cuerpo de la artista como la escultura en el museo deberían permanecer en ese ámbito de lo intocable, y eso es lo primero que se violenta en este, como en muchos otros performances de Regina José. En la obra de Regina José Galindo, el cuerpo se expone, pero no precisamente a la mirada, sino a diferentes formas y grados de violencia. Incluso en Punto ciego podemos sentir la tensión y la violencia a que se somete el cuerpo ofrecido al tacto curioso y a veces morboso de los extraños.

Los límites entre público, obra y cuerpo de la artista se disuelven “generosamente”. Esto provoca, por un lado, una desacralización del espacio museológico y de sus rituales y por otro lado una desacralización del cuerpo, colocado en un lugar de vulnerabilidad, y una desacralización de la idea de obra, ya de por sí debilitada por la acción performática y por la manera en que ésta involucra los cuerpos de los visitantes.

Pero lo que más nos interesa, en el contexto de nuestro proyecto pedagógico-curatorial en Página en blando, es la manera en que esta situación pone en escena el descentramiento y la desjerarquización de la mirada en el ámbito de la experiencia estético-artística. Es el cuerpo de Regina José el que se encuentra en un punto ciego, lo cual por cierto no impide que sea palpado y manipulado como un objeto. Pero no es su autonomía lo que está en juego, sino su desplazamiento desde un orden regido por la mirada a una experiencia concentrada en el contacto.

Mabe Guzmán y Juan Antonio Molina





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