Slavkina Zupicc

Anatomía de un paisaje

La experiencia conectada a la piel, al fluido sanguíneo que transpiro en cada paso cuando camino, al vínculo irrevocable con la naturaleza, atiende el impulso de
documentar un estallido de luz en las manos, ocupando el lugar de referencia en mi proceso creativo. Esto me lleva a afirmar que no existe ningún hallazgo devenido de la pasividad y que la mirada siempre guía, queda expuesta en la madurez propia del tránsito, convirtiéndose en otra cosa.

 

Después de 8 meses y alrededor de 700 millas recorridas, fotografié la búsqueda como testimonio de este recorrido de miradas abiertas, desde mi cuerpo como el objeto expuesto y al mismo tiempo (el cuerpo) como observador del lugar más próximo: el paisaje.

Poco a poco se fue abriendo un espacio entre el cuerpo y la idealización de la imagen, entre el encuentro con la brevedad de la experiencia y la observación, entre la búsqueda sensorial y la re significación del margen de las cosas, entre la ritualización de la belleza sencilla y la cotidianidad.

Es por esto que el verbo gestiona la acción y ello dispone de forma directa a la acción poética, a la secuencia cíclica y continua de la mirada consciente. En ella, se percibe la correlación entre cuerpo/espacio/tiempo como premisa vital, en un marco atemporal, haciendo efectivo todo proceso de recuperación de imágenes, devenidas de los sueños, hiladas al traslado del cuerpo a su entorno más inmediato, más íntimo, al espacio que por excelencia es paisaje, contenedor de la inmediatez del afuera y catalizador de las emociones.

En este proceso el compromiso es evidente, se (auto)gestiona a partir de mis propias teorías estéticas, convirtiendo cada aproximación en instantes de júbilo,
inmersos en la monocromía de la imagen, en el traslado de lo efímero sobre lo perpetuo, en la (re)interpretación del tiempo sobre la materia, generando un dinamismo sobre la acción de postergar la vida de las cosas desde una apreciación imparcial, teniendo como máxima la visibilidad de lo sutil.

Por último, debo destacar que la representación de la corporalidad en el autorretrato, que dio inicio a este discurso narrativo en un mundo construido a partir de la poética de la imagen, muestra ahora un diálogo transversal,
en donde se interioriza, aún sin las fracciones materiales, aún sin la memoria, agitando mi voz y quedando expuesta para dar sentido al reflejo que mira, desde el suelo, testigo al ver caer sus hojas al levantarse.