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A los ojos del deseo (El índice y la sombra del amante)

Es conocida la fábula que reproduce Philippe Dubois, en El acto fotográfico. De la representación a la recepción, mediante la cual Plinio narra el origen de la escultura, como algo que se encuentra, literal y metafóricamente, “en la sombra”. Según Plinio, la protagonista de la historia es la hija de un alfarero, la que, ante la inminencia de la partida del amante, decide dibujar en el muro de la estancia el contorno de la sombra del joven, proyectada sobre la pared. Después, la mujer puso arcilla sobre el dibujo, convirtiéndolo en un relieve que puso a cocer en el horno.

 

Este es el inicio del capítulo más imaginativo y seductor del libro de Dubois, que problematiza la relación entre lo indicial y lo icónico, pero que, además, invita a una percepción más carnal del signo fotográfico, en
tanto referido al cuerpo y la sombra y ubicado en una encrucijada entre el deseo y la intuición de la pérdida, o entre la presencia y la intuición de la ausencia, o entre lo visible y la imaginación de lo invisible.


A la luz (o la sombra) de esa fábula, la imagen del contacto, asociada al concepto semiológico de index, adquiere otras resonancias. Digamos que adquiere el erotismo que le pertenece. Pero ese erotismo no viene solamente asociado a una corporeidad, sino también a su ausencia; no viene solamente asociado a la posibilidad de la posesión, sino a la necesidad de la pérdida. Leyendo la fábula de Plinio, Philippe Dubois dice que “a los ojos del deseo, la representación no vale tanto como semejanza, sino como huella.”(1) Esto yo lo asocio a que el origen de la huella siempre está en el contacto, pues la huella es siempre el residuo del tacto. Lo que significa una huella está más allá de su propia figuración y de su objeto original, y se ubica en la relación de contacto (o de cópula) entre un objeto y una superficie, o entre dos objetos, o entre dos cuerpos. Por eso una fotografía, en lo que tiene de huella, debería remitir al acto fotográfico antes que a lo fotografiado. Si no siempre ocurre así es porque la transparencia de la foto se basa en la transparencia del acto fotográfico. Y en ella también se basa la ilusión de la fotografía como algo mágico. No se trata solamente de que la representación del objeto parece sustituir al objeto ni de que la representación del objeto haya resultado del contacto y mantenga esa cualidad de residuo, es también que la pregnancia del objeto en su representación parece natural, como si no hubiera mediado un dispositivo técnico-ideológico.

(1) Philippe Dubois. El acto fotográfico. De la representación a la recepción. Ediciones Paidós Ibérica,
S. A., Barcelona y Editorial Paidós, SAICF, Buenos Aires. 1986. Pág. 113

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