La boda (1989) es uno de los mejores ensayos fotográficos realizados en Cuba, en el tránsito de la década de 1980 a la de 1990. A partir de esta obra yo comencé a mirar la fotografía documental cubana con menos prejuicios. Es decir, me sentí más confiado ante la posibilidad de que se hiciera una foto documental con inteligencia, con agudeza, con un sentido crítico de la realidad y con elementos conceptuales que fueran sólidos sin ser abrumadores. Es lo que buscaba de alguna manera tras el concepto de "nuevo documentalismo" con el que me acerqué a una parte de la producción fotográfica de la década de 1990 en Cuba.
Durante las décadas anteriores solamente se podía constatar esta veta intelectual en unos pocos fotógrafos (ahora sólo se me ocurren Mario García Joya, Marucha y Jesse Fernández, cuyo paso por la fotografía cubana fue tan fugaz como inobviable). Los otros "clásicos" de la fotografía cubana (pienso en figuras como Constantino Arias, Chinolope o Raúl Corrales, por poner tres ejemplos) hicieron más gala de intuición que de intelectualización, trabajaron más desde el ojo y el control técnico del dispositivo fotográfico que desde la conceptualización del hecho fotográfico.
Con La boda, de Kattia García (y, casi simultáneamente, con Zoo-logos, de Eduardo Muñoz Ordoqui) se inició una nueva etapa, en la que se aparecieron con más consistencia las combinaciones entre el dominio técnico, la agudeza visual y la intencionalidad conceptual. 

La boda es un trabajo que está hecho desde una perspectiva femenina, lo que en la fotografía cubana de la época no era muy usual. Si descontamos las series Para concebir (1986) y Álbum de nuestro bebé (1988) de Marta María Pérez, y Una historia en 70 páginas (1988) de Consuelo Castañeda, no quedan muchos otros ejemplos contemporáneos del uso de la fotografía para realizar lo que la curadora Dannys Montes de Oca califica como "socialización del género".

Me queda pendiente discutir el énfasis que pone Dannys Montes de Oca en presentar la obra de María Eugenia Haya (Marucha) como introductoria de una "lógica de la diferenciación de género" en la fotografía cubana. Respeto mucho los aportes de Marucha, pero todavía no estoy convencido de que vengan en esa dirección. Aún así, encuentro afinidades estilísticas entre las obras de Kattia García y las de Marucha, que pueden provenir del interés que ambas compartieron por esa zona ambigua que se creaba entre la cultura popular y el kitsch, entre lo funcional y lo ceremonial o entre lo solemne y lo ridículo.

En lo que sí coincido con Dannys es en reconocer el valor formal de La boda y su aporte en el relato de un cuerpo femenino sometido (casi con violencia) a las convenciones y los instrumentos del ritual del matrimonio. 

Kattia García: La boda

March 5, 2015, por Juan Antonio Molina