Falconi: Todo el tiempo del mundo

Modesto e íntimo. Desafiando la grandilocuencia narrativa de la fotografía contemporánea. Renuente a la épica y al espectáculo, Alejandro Pérez Falconi se revela cada vez más como un autor de obras mínimas: situaciones en pequeña escala, materiales pobres, gestos sencillos y una retórica mesurada. Incluso su elección de la fotografía analógica para realizar este proyecto revela, amén de un posible toque de nostalgia por el modelo foto-conceptualista en la relación imagen-discurso, una inclinación por las manufacturas, las referencias locales y las operaciones estéticas con un aire lúdico, en las que el propio tiempo se inscribe de manera pausada y segura.

Andrade: Cuadros

La gramática visual de Yolanda Andrade está centrada en una figura dinámica: el cuadro dentro del cuadro. Trátese de una pintura enmarcada, un mural, una escena vista a través de una ventana o una serie de estampas o grabados, su inserción en la fotografía redunda en un efecto de vida detenida, momento congelado o una especie de cuadro vivo, en el que los actores no saben que están participando. 

Chapuy: Demolición

Demolición puede ser leído como la historia de una casa. Como si la historia de una casa debiera contarse a través de los accidentes, las muertes, las conmociones de las personas que la habitaron, junto con el desgaste de las paredes, el abandono, el enmohecimiento de los muros, el descubrimiento obsceno de los cimientos, la fascinante exhibición de las rugosidades.

Ese es uno de los niveles estéticos en que funcionan estas fotografías de Veronique Chapuy: la representación de lo superficial, la evocación de lo táctil, antes que de lo depauperado. Veo la piedra antes que la ruina. Recuerdo algo elemental. Algo fundacional. Como en toda poética del archivo, participo de la reconstrucción simbólica del origen. 

Ladrón de Guevara: Haikus

Yo considero a Figueroa como un fotógrafo exigente, con un estilo y un carácter sostenidos a base de perfección técnica, concentración en la especificidad del lenguaje y la materialidad de la fotografía y fijación en los géneros históricos: el paisaje y la arquitectura, especialmente, aunque ha trabajado también el desnudo fotográfico y el retrato. Él asume con orgullo su procedencia de una genealogía que lo conecta con la imagen de la modernidad mexicana, tal como se produjo desde el cine, la fotografía y la pintura, desde la primera mitad del siglo XX. Incluso su voluntad de investigación y experimentación con la plasticidad del objeto fotográfico pudiera considerarse como una muestra de respeto por el medio y una oportunidad para hacer gala de pulcritud y de indudable inteligencia visual. Sin embargo, por esa vía Gabriel Figueroa Flores se está encontrando con su obra más original, la que lo lleva a refundar la relación con su propio origen. Esto, de momento, pudiera dejarlo sumido en una soledad promisoria.

Andrade: Cuadros

La gramática visual de Yolanda Andrade está centrada en una figura dinámica: el cuadro dentro del cuadro. Trátese de una pintura enmarcada, un mural, una escena vista a través de una ventana o una serie de estampas o grabados, su inserción en la fotografía redunda en un efecto de vida detenida, momento congelado o una especie de cuadro vivo, en el que los actores no saben que están participando. “Cosas que se han parado por un instante”, decía Guy Davenport, proponiendo otra manera de interpretar la naturaleza muerta. Esto llama la atención sobre el lugar de los objetos en las imágenes, pero también sobre la manera en que estas obras asumen el énfasis en las superficies, en la iconicidad y en las apariencias como problemáticas de la fotografía contemporánea.

Chapuy: Demolición

Demolición puede ser leído como la historia de una casa. Como si la historia de una casa debiera contarse a través de los accidentes, las muertes, las conmociones de las personas que la habitaron, junto con el desgaste de las paredes, el abandono, el enmohecimiento de los muros, el descubrimiento obsceno de los cimientos, la fascinante exhibición de las rugosidades.

Ese es uno de los niveles estéticos en que funcionan estas fotografías de Veronique Chapuy: la representación de lo superficial, la evocación de lo táctil, antes que de lo depauperado. Veo la piedra antes que la ruina. Recuerdo algo elemental. Algo fundacional. Como en toda poética del archivo, participo de la reconstrucción simbólica del origen. 

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